AMSTRAD, aquella máquina del demonio.

The Strokes?? … y una porra.

Hoy me he entretenido en la wiki leyendo sobre Sir Alan Michael Sugar.

A mi la verdad que este nombre no me dice nada, de hecho, como suele pasar en la wikipedia, he empezado leyendo por un lado y he acabado por otro. Realmente tampoco he llegado tan lejos. Igual lo entendáis a partir de estos acrónimos; Alan Michael Sugar Trading … el menda que fundó AMSTRAD!!

Alan M. Sugar.

 Pues sí, este señor que fundó la compañía AMSTRAD es el responsable de que me pasara meses de mi infancia jugando a juegos de 8 bits y años esperando a que cargaran. Al parecer la clave del éxito de Sugar fue la manera en que construyó sus aparatos reduciendo costes de elaboración. Con sus productos de bajo coste entró rápidamente en el mercado de ordenadores personales donde comandaban Commodore y Sinclair. Aunque antes de ordenadores empezó construyendo televisores y equipos de sonido.

Una cosa llevo a la otra y apareció el Amstrad CPC6128. El mio! Sí, sí, con disquetera y a todo color… bueno a 32 o 16 o algún número majo de estos. Aun recuerdo esos días que bajaba con mi hermano al centro comercial del barrio donde había tres o cuatro modelos de Amstrad y Spectrum. Te pasabas la tarde machacando teclas hasta que te ibas frustrado porque algo habías tocado y la J ya no era la J y salía un rombo y cuando apagabas y encendías seguía igual.

Amstrad CPC 6128.

 Noventa y cinco mil pesetas con monitor y convertidor de televisión. Cayó en 1988, el regalo para el hermano mayor que a cambio de alguna colleja y puñetazo en la mesa me permitió hacerme con la parte izquierda del teclado (W, S, A, D y disparar con el Control) para jugar al Ikari Warriors o Barry McGuigan. Que cabreos con el Barry McGuigan, que para quien no lo sepa es un boxeador irlandés que a mediados de los 80 estaba en to lo suyo. En el juego empezabas desde abajo. Personalizabas la raza, el color de pelo y de pantalón de tú boxeador. Elegías el tipo de entrenamiento que querías darle y comenzabas a luchar. Según ganabas combates ascendías en la lista de boxeadores. Empezabas el 20º y el objetivo era quitarle el título a McGuigan, JA!. Yo llegué al 7º lugar. Me parece que los movimientos disponibles eran derecha, gancho, directo a las costillas y movimiento defensivo. Dependiendo del entrenamiento y como fuera el combate podía sufrir una subida de stamina que se traducía en que el siguiente round zumbabas puñetados a extra de velocidad. Había que esforzarse en tumbar al contrario porque la máquina no era muy justa a veces y después de tumbar al rival por segunda vez él te tumbaba por primera y tú ya no te levantabas.Que mala host….ia, ya hombre!

Esas pelotillas del fondo a veces te llenaban de, de, de… una tensión.

La música en los menús y entre rounds era muy buena y el murmullo del público subía con los guantazos por lo que se llegaba a unas situaciones de éxtasis difíciles de describir. En Amstrad no grababas las partidas. Así que tenías que dedicar todos tus esfuerzos a terminar la partida porque algún día tendrías que apagar el ordenador, o peor, se podría quedar colgado.

Sea como fuese el tiempo pasó y, cómo tu iPhone, se pasó de moda. Sin embargo yo lo conservé y heredé de mi hermano mayor. La unidad de disco ya no funcionaba tan bien como al principio, el disco entraba demasiado y se quedaba inclinado. Entonces la patilla lectora no leía correctamente. Ideamos un sistema de contención con papelitos. Los papelillos dejaron de funcionar y finalmente desarrollé la habilidad de mantener presionado el botón de expulsión del disco con la fuerza exacta cada vez que el juego tenía que cargar. Al presionar el botón el disco se levantaba lo justo para evitar la inclinación. Menudas partidas al Match Day II me echaba cuando ya andaba por ahí el Street Fighter II y demás. Me daba igual, me lo pasaba pipa creando mis propias ligas y llevando los palmarés, ascensos y descensos en papel.

Match Day II. Los jugadores eran lentísimos. El que llevaba la pelota iba más lento que los demás por lo que regatear era muy complicado, pero no imposible. Disparando desde la diagonales tenías más posibilidades de marcar. De frente, el portero no solía fallar a no ser que el balón rebotara en alguno de los defensas. Tambíen se hacían goles de cabeza. La leche.

Juas!, no estoy hablando de Alan Michael Sugar. No importa, hasta hace unas horas yo tampoco le conocía. Sólo sé que se forró comprando y vendiendo cosas, terminó vendiendo Amstrad en 2007 por £125m, en algún momento de su vida le nombraron Sir y que tuvo movida por su mentalidad cuadrículada en cuanto a las leyes en favor de las mujeres, …estos informáticos.

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